Las organizaciones sociales, políticas y sindicales democráticas estamos obligadas a reconocer los valores que impulsaron a la República a transformar el país. Es un deber legítimo al que estamos obligados todos los demócratas. También el Gobierno y el Parlamento deben reconocer, conmemorar y difundir la Memoria de la Democracia y la Libertad, particularmente entre la juventud.
En esta fecha cercana al 18 de julio de 1936 y cuando las instituciones parlamentarias europeas han condenado el franquismo, pedimos a las Cortes españolas y al resto de los organismos representativos de la voluntad popular en el Estado que se sumen a la condena.
No hubo dos bandos. Es intolerable, y muy peligroso para la salud moral y política de nuestro país, que todavía se pretenda equiparar al gobierno legítimo de una nación democrática con la facción militar que se sublevó contra el Estado al que, por su honor, había jurado defender.
Debe llevarse a cabo, por parte de las instituciones, un reconocimiento oficial y una reparación moral y jurídica de los daños sufridos a quienes intentaron introducir en España el progreso y la libertad y que por ello fueron represaliados: combatientes, resistentes, guerrilleros, deportados en la Alemania nazi, perseguidos, depurados y expoliados, exiliados, todos ellos víctimas de la guerra civil y de la dictadura. Estas medidas forman también parte de ese deber de memoria.
Ahora comienzan a darse algunos pasos importantes que permiten entrever medidas de reparación y dignificación ya conseguidas ampliamente en los países europeos de nuestro entorno, como la creación de la Comisión Interministerial para el estudio sobre la situación de las víctimas del franquismo y la dictadura.
Recientemente el Presidente del Gobierno ha anunciado la presentación, al Congreso de los Diputados del informe de la Comisión Interministerial y de un Proyecto de Ley que establecerá medidas para las víctimas.
Las organizaciones sociales firmantes hemos decidido coordinar nuestros esfuerzos con el fin de impulsar el desarrollo y el seguimiento de la Ley que aprobarán las Cortes españolas.
Pedimos que la Ley sea el comienzo de un proceso de rescate de la Memoria de la Libertad y la Democracia española y de quienes lucharon, murieron y fueron víctimas del levantamiento militar, de la complicidad nazi-fascista y de la dictadura posterior. Debe por tanto haber continuidad institucional de la Comisión Interministerial, como en los países de nuestro entorno europeo, y un mecanismo de consulta y seguimiento de las organizaciones sociales y representativas de las víctimas que a lo largo de los años han trabajado a favor de la Memoria de la Libertad.
Pedimos que la Ley contemple, entre otras medidas la anulación de todos los juicios penales y militares, porque fueron arbitrarios e ilegales, y la declaración de nulidad de todas las acciones represivas con valor jurídico del régimen franquista. El Estado democrático español no debe ni puede considerarse la continuación de los actos de la dictadura que condenaron las Naciones Unidas en 1946 y que obedecieron a una filosofía totalitaria que pretendió, con los asesinatos, establecer el terror en la población y exterminar el pensamiento liberal y social de la sociedad.
Sus víctimas deben ser resarcidas y reconocidas. La Ley debería contemplar por ello la exigencia de la reconstrucción y clasificación de los archivos penales, judiciales, militares, diplomáticos y privados relacionados con esta etapa y su accesibilidad a los ciudadanos e investigadores interesados.
No hay Memoria sin lugares ni lugares sin Memoria. Hay una geografía española de la lucha en defensa de la legalidad y de la Libertad y de la represión que debe ser conservada para el conocimiento de las generaciones futuras. La Ley debe también iniciar el proceso de catalogación, dignificación y conservación de los Lugares de Memoria. Para casos especiales, la Ley contemplará una normativa de exhumaciones y normalización de los bancos de información para la identificación de las víctimas, incluyendo un protocolo de antropología forense adaptado a las normas internacionales.
Debe haber un reconocimiento jurídico del exilio forzado por la represión, y sus descendientes deben poder recuperar la nacionalidad española de origen. Y, en consonancia también con las medidas adoptadas en otros países europeos, deben ser resarcidos quienes sufrieron privación de libertad y penalidades en las cárceles, en los Campos de concentración españoles y franceses y el Trabajo forzado.
Correo para adherirse al Manifiesto
asociacion_exiliados@yahoo.es