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Daniel Eizaguirre Torres: ¿Cuánto valgo yo frente a Vargas Llosa?


Señores y señoras:
Tuve un padre que a mis ocho años de edad en 1973 rodeamos mi hermano, hermana madre y yo. Le preguntábamos dónde estaban nuestro tíos y abuelos. Le pedíamos que hablara sobre su familia y vida en España. Cuando abrió la boca para hablar rompió en llanto. Vivimos con un padre muy lindo y sensible, políglota, que podía llenar un crucigrama en minutos. Nunca quiso ganarle más de 7% a los productos que vendía porque consideraba que más allá de eso era un robo a los seres humano. LEER MAS
Siempre se quedaba callado por horas mirando hacia arriba. Tuvo siempre explosiones emocionales y decía que no se debía mentir nunca, nos castigaba cuando mentíamos. Sólo hablaba de lo que pudo comer cuando era niño. No nos explicábamos porqué un ser tan inteligente vivía en esa miseria emocional tan marcada. Hablaba de vez en cuando acerca de bombas y gente corriendo y muriendo. Todos los diciembres se encerraba en su cuarto y no salía por días. Era tan lindo pero tan miserable en lo que sentía. Cada vez que yo le hablaba de nacionalizarnos comenzaba a gritar que lo iban a encontrar y deportar a España y que le quitarían su pasaporte. Se desesperaba y asustaba. Nunca imaginé yo que eran los traumas del pasado porque la U.R.S.S. en los años 40 buscaba a los escapados y los mataba. Él mantuvo ese miedo desde esa época.

Logró hablar completamente en 1991 porque yo, su hijo, Daniel Eizaguirre, fuí a España a buscar acerca de su vida. Pasé hambre y miserias y sufrí el maltrato institucional. Se burlaban de mí cuando trataba de buscar a mi padre en las bases de datos. Llegué a Barcelona sin saber que mi padre había cambiado de nombre y toda su vida era un secreto. Sufrió tanto que no pudo más cargar ni con su verdadero nombre y tuvo que mantenerse callado hasta al lado de los mismos españoles cuando le hacían preguntas.

Era nacido y criado en Cataluña de origen Murciano. Ya de niño conoció los horrores del bombardeo de Barcelona y no pudo hablar de ello sino hasta el día que lo puse entre la espada y la pared. No existía en España y al amenazarlo con que yo me mataría si no hablaba, él tuvo que decir que yo tenía razón de decir eso. Antes de eso se encerró en el baño y comenzó a llorar y mi madre se asustó mucho. Salió del baño y dijo: "Daniel tiene razón, yo les he mentido, pero yo no hice nada malo nunca, sólo tenía miedo y rabia, perdónenme."

Yo permanecía en España, ilegal, pobre, triste, traumatizado por no saber quién era mi padre. Luego de recibir su carta mi vida empeoró, me convertí en una persona amargada y triste. Enfermé de Fibromialgia y a pesar que me estoy curando mi vida ha sido un infierno desde ese día. Afortunadamente mi padre murió en el año 2000 con una sonrisa porque él decía que no tenía nada que esconder.
He pedido al consulado que me den una carta que pruebe que mi padre estuvo inscrito allí (Consulado de España de Caracas, Venezuela) y siempre me dicen de la manera más grosera: "No se puede" y toda respuesta a cualquier pregunta es: "No sé". ¿Qué puede uno pensar del país de mi padre con ese tipo de trato?

Yo lo que quiero es dignidad y que mi padre y abuelo descansen en paz. Yo sufrí una guerra que no viví. Hay heridas muy profundas. Mi madre cuidó de mi padre hasta la tumba y mi madre decía que él llebava muchas heridas en el alma y por eso lo aguantaba con amor. Nunca tuvo a más nadie que nosotros quienes le dimos amor y abrazos. No es justo que mis hermanos, madre y yo sintamos esta orfandad por parte del Estado Español. Nadie nos ha llamado para decirnos que nos puede ayudar en nombre del Estado. En 1992 la encargada, en ausencia del cónsul de España en Venezuela, me dio como respuesta: "No le podemos quitar el ojo al tuerto". Es apenas ahora cuando yo veo que mi vida está más o menos recuperada. En esa época (1992) no sabía ni cómo pedir ayuda y ni qué preguntas hacer. Y la respuesta siempre fue: "NO SÉ" o "NO SE PUEDE".

Un hijo de italiano aquí en Venezuela se siente orgulloso de ser hijo de Italiano. Un hijo de norteamericano se siente apoyado. Pero un hijo de Español no siente nada, allá se encargan de hacernos saber que somos "medio españoles" con derecho a no serlo y a sentir hasta vergüenza porque estamos pidiendo limosnas al Estado español.

NO ES JUSTO. Sufrí una guerra que no viví y no saben lo que me ha costado tratar de romper el eslabón de rabia y dolor que un ser humano arrastra cuando vive los horrores que vivió mi padre. ¿Cuánto dolor no yace aún en la descendencia española sin que alguien tienda una mano? ¿Qué sería de nosotros si grupos de gente tan sensibles y humanos como los de www.exiliados.org no existieran? Ellos han hecho lo que nadie nunca ha hecho por mí, yo no tengo palabras para agradecerles lo que han hecho por mí. Ellos tuvieron el tiempo y el dinero para enviarme mensajes de esperanza y para representarme ante el Estado Español. ¿Saben lo que significa escucharme y ofrecerme ayuda cuando nunca nadie lo había hecho ni siquiera cuando yo estaba en España mendigando con la verdad en la mano? Esos señores y señoras de esas organizaciones (más las que aún no conozco) se merecen lo mejor del mundo.

Un dirigente de una de esas organizaciones me dijo algo que es muy cierto. Me dijo que yo representaba para cualquier funcionario de gobierno una pérdida de tiempo para tomarse un café y fumarse un cigarrillo. Estoy seguro que eso es cierto. Yo estoy criticando con bases ciertas, yo estoy sangrando por la herida y llevo esta sensación desde que comencé a pedir ayuda. Tengo por escrito la negación de nacionalidad española. Pero el cónsul ni se dignó en preguntarme porqué no existía la carta de nacimiento de mi padre en España ni me habló que existía una ley llamada "Por simple presunción" con la cual podía nacionalizarme. El Vicecónsul de España en Valencia y Valera (dos ciudades venezolanas) fueron excelentes personas pero en el consulado lo único que he encontrado es maltrato, burla y humillaciones.

Y lo peor de todo es que no tengo nada que pueda probarlo más que las mismas opiniones de otros hijos de españoles. No tengo cartas certificadas que prueben que allí me han dado esas respuestas y por eso el defensor del pueblo en España no puede aceptar mis quejas a menos que estén documentadas. El defensor del pueblo tiene razón, pero... ¿no existe un periodista que tenga un poco de valor en España que entre con una cámara escondida a un consulado y lo pruebe? ¿O es que todos los periodistas se decican a perseguir toreros y famosos? ¿No hay nadie allá con un poco de sentimientos? No saben ustedes a cuántos periódicos he pedido ayuda y no he recibido ni siquiera un "GRACIAS POR HABERNOS ESCRITO".

Pero no debo recriminar a todo el Estado español. Debo reconocer que el decreto del Rey del 10 de Setiembre es una señal digna de que quieren destapar lo que se tapó todos estos años. Y debo reconocer que lo que está haciendo el nuevo gobierno es muy lindo y me llena de esperanza. Veo que sí le están buscando solución al asunto. Ojalá hasta publicaran esta carta en un periódico o me entrevistaran para que el pueblo español sepa lo que sucede con su propia sangre fuera de sus fronteras. En España no saben lo que sucedió en la dictadura. Y es un crímen encubrir la verdad acerca de todo el dolor de los exiliados. Es un crímen hacer la vista gorda ante lo que sufrió mi abuelo, padre, tío y tía y abuela. Historias como esa deben ser contadas y debemos engrosar la lista de personas sensibles y bellas como los de www.exiliados.org </exchweb/bin/redir.asp?URL=http://www.exiliados.org> y www.memoriaporcatalunya.org </exchweb/bin/redir.asp?URL=http://www.memoriaporcatalunya.org> para velar por todos y cada uno de esos pobres seres humanos marcados unos por los hechos reales y otros por las cadenas del dolor que pasan de una generación a otra.

Yo he tenido algo de suerte en mi vida porque abandoné todo cuando me dí cuenta que un ser humano que no conoce bien el pasado de su padre y de su madre es un ser castigado por la tristeza. Un ser que no conoce su propia historia la repite emocionalmente. Yo he logrado domar mis rabias y tristeza, no completamente, pero he logrado cortar la carga genética. Pero no creo que muchos hayan logrado eso. Hasta la Biblia dice que la maldición pasará de padre a hijo. Esa maldición es cierta, si no hay tranquilidad en un ser humano no conocerá el amor y quien no conoce el amor traspasa esa falta de amor a la siguiente generación. La biblia era un tratado de psicología, por lo visto.

Bien, señores. Mantengan en mente que hay dolor escondido en aquellos que sufren los embates de la guerra. Pero la guerra no es sólo bombas y disparos, la guerra es el odio que hay entre seres humano. Y hay odio cuando hablamos mal de nuestros semejantes, cuando golpeamos a un niño, cuando le gritamos, cuando no los amamos. Mientras defendamos nuestras tradiciones, nuestro modo de ser, mientras luchemos por un símbolo, patria o lo que sea habrá guerra y dolor. El amor no nace, siempre estuvo allí esperando que nosotros dejáramos de cubrirlo con nuestras ambiciones personales. Yo no practico ninguna religión pero he escuchado miles de veces que un señor llamado Jesús dijo: "DÉJALO TODO". Yo lo dejé todo y me olvidé de mí mismo y pude devolverle algo de alegría a mi padre al hacerlo confesar.

Si volviera a nacer, pasaría de nuevo hambre y angustias con todo el gusto del mundo con tal de volverlo a ver sonreír como sonreía cuando nos contaba todos los detalles de su vida. Había sufrido tanto que contaba lo del bombardeo riéndose y contaba cómo él y otros niños mentían diciendo que sus madres les preparaban pollo guisado con papas. Mentiras de niños, ni siquiera comían. Contaba cómo vagaba por las calles buscando comida, teniendo pocos años de edad.

Contaba cómo lo trataban en el albergue de menores de Barcelona. La mayor parte del tiempo les metían miedo y los golpeaban. Pero había otros que les daban amor y cariño, pero conocieron más que todo el maltrato y el miedo y el constante recuerdo de sus instructores de que eran hijos de enemigos de Franco y por eso estaban allí. Eso no se le hace a un niño, eso no se hace. Por eso todo niño frente a mí es mi hijo porque él está copiando y recordando los cuentos de mi padre, y yo sólo tengo palabras de amor y aliento para cualquier niño que esté frente a mí. La guerra se comienza cuando no amas a un niño, cuando lo maltratas, ese niño será un tirano algún día.

Yo le pido al Estado español que mire mi caso y el de todos los que como yo aún padecemos. Disculpen que no sea yo un escritor famoso y no escriba tan bien como ellos. Disculpen que yo no sea Maradona ni Ronaldo para que me ofrezcan pasaportes regalados. Maradona pedía pasaportes para amigos de él y todos corrían a dárselos. Yo, que soy hijo de español, que nunca cambió de nacionalidad porque era lo único que le quedaba de su tierra, tengo que mendigar que me escuchen. Otros ni siquiera saben que hay organizaciones que desean destapar la historia.

¿Cuánto valgo yo frente a Vargas LLosa? No lo tomen como que estoy contra ellos, al contrario, son ejemplos de personas. ¿Cuanto vale Maradona frente a mi? Yo tengo más moral y dignidad que Maradona y tengo más derechos que él. Yo no soy amigo de los famosos ni me codeo con alguien que me pueda "enchufar" con alguien del gobierno. Yo sólo le quito unos minutos para tomar café y fumar un cigarrillo. ¡Caramba, discúlpenme por no ser famoso y no pueda contar chismes de los toreros! Discúlpenme por hablar con otro acento. Puedo hablar con acento español, puedo hablar muchas palabras catalanas porque las aprendí cuando languidecí allá por dos años y medio. Puedo hablar inglés, francés y alemán pero no tengo porqué cambiar mi acento para ser aceptado.

Yo siento amor por la tierra de mi padre y tengo dolor por no haber tenido nada más que mi padre y un par de amigos de él allá. El resto de mi familia, la del verdadero nombre, está en Murcia. El verdadero nombre de mi padre era Angel Rostán Abellán, nacido en Barcelona, pero su pasaporte decía Ricardo Eizaguirre Gallardo, nacido en Sestao. Cambió fecha de nacimiento, lugar y todo su pasado pero lo persiguió toda su vida el recuerdo de todo eso. Ricardo Zamora lo contrató en Caracas para jugar en el Barcelona en mil novecientos cincuenta y algo, pero mi padre no se presentó al momento de la partida porque se encontraría con su pasado amargo. Dejó la fama y el dinero por seguir una vida triste. Pero no importa, gracias a eso conoció a mi bella madre y nacimos mi hermano Ricardo, yo (Daniel) y mi hermana menor Ana.

En el Archivo Oficial de Cataluña permanacen las cartas que mi padre le enviaba a su abuela en Murcia, ni siquiera pudieron ser enviadas y permanecen archivadas bajo secreto de guerra. Una funcionaria digna de ser respetada rompió las reglas para poder decirme que allí estaban objetos de mi padre, no sé quien era esa funcionaria pero se arriesgó sólo para decirme eso y mantengo el recuerdo lindo de lo que ella hizo. Igual hicieron en la Gobernación Militar de Cataluña cuando una secretaria hizo lo que estaba prohibido lo cual era darme una copia de la prueba de encarcelamiento de mi abuelo Antonio Rostán. Y ella me dijo que allí estaban las fotos de mi abuelo y de mi padre cuando era niño y de mi tío. Yo no he visto nunca fotos de mi padre siendo un niño ni de mi abuelo pero ella me dijo que la podían echar del trabajo porque eran archivos de guerra.

Pero nunca olvidaré a esas dos mujeres que hicieron eso. Tampoco olvido a una funcionaria del Ministerio del Interior en Barcelona que me decía que no desistiera que algún día destaparía todo. Honor a esas tres mujeres y honor a los miembros de las organizaciones que, sin recibir nada a cambio (www.exiliados.org y www.memoriaporcatalunya.org ), hacen lo que hacen por el bienestar de gente que ni siquiera han visto. Mi profundo amor y cariño para ellos y para todos aquellos funcionarios del gobierno que me han dado esparanzas y para los que hoy en día están destapando el dolor olvidado.

Atentamente,

Daniel José Eizaguirre Torres.