« ¿Porqué en 1930 y en 1931 se concertaron tantas personas de alto prestigio cultural para reclamar la proclamación de la Segunda República Española? ¿Porqué surgieron tantos talentos durante el periodo republicano? ; ¿Porqué tantos pensadores, creadores artísticos, tantos educadores, tantos transmisores de información, nacidos en España o fuera de ella, ofrecieron heroicamente sus vidas para preservar el acervo cultural republicano frente a la agresión de las hordas incíviles? LEER MAS
¿Porqué se movilizaron los intelectuales del mundo entero desde aquel luminoso 14 de abril de 1931 en defensa de la República Española? ¿Porque los sublevados trataron de destruir con tanta saña a todo aquel que representaba la estructura cultural de la Segunda República? Ciertamente, no fué por casualidad.
Fué, porque para todos, por doquier,“República española” es sinónimo de “Cultura”. *************************** Para expresar esto, esbozaré, a continuación, unas cuantas pinceladas que se me antojan significativas. Son, voluntariamente, de valor relativo por lo personales.
Reflejan, eso sí, mi visceral identificación con la República Española. ******************************
El régimen republicano no apareció inesperadamente. Por los años 30 y 31, correteando por las inmundas moradas en que vivían los servidores del llamado “Patrimonio Real”, en la calle de Bailén de Madrid, nuestras madres, y, sobre todo, nuestras abuelas, nos reunían para enseñarnos una serie de canciones. La primera de ellas, el Himno de Riego. El “Himno” porque según nos explicaba Doña Petra González Díaz, era el que recordaba mejor a un personaje clarividente que supo ver, ya en 1815, que el porvenir de Progreso para España tenía que pasar primero por ofrecer a los territorios americanos “Pactos igualitarios de cooperación y de solidaridad” en vez de las inanes propuestas que se les siguen haciendo, aún hoy. Tanto el general Don Rafael del Riego como Don José María Torrijos, nos decía Dna. Petra, fueron exterminados por ello. Aquella canción, y otras similares las cantábamos todos, todos los días, y a voz en grito. Recuerdo con agrado que en las reuniones de « Palacio » se mencionaba a una persona que apreciábamos mucho y de la que recitábamos poesías como ésta: « De la Libertad » “Quiero que seas soldado. Pero soldado raso. Sin galones, ni estrellas. Sin ningún agasajo”. Se trataba de Don Enrique Díez-Canedo. Profesor de francés.
En el propio Palacio Nacional se nos enseñaba a unir el concepto de República con el de Cultura.
Quizás consecuencia de ello la inmensa alegría con que recorrí la calle de Alcalá desde el número 187 hasta la Puerta de Sol durante la tarde del 14 de Abril de 1931, enarbolando la bandera tricolor que mi abuela había confeccionado en « Palacio ». Bandera que, desde entonces, no he dejado de llevar, ni un sólo día, ni en los exilios, ni en cárceles, ni en campos de concentración.
Nuestros maestros nos explicaban en la Escuela, llenos de esperanza, cómo el Gobierno iba tomando las decisiones de 1932 y 1933 por las que se multiplicaría al máximo el número de educadores. * Asimismo que había que respetar a las flores y a los árboles, símbolos de vida. * Al tiempo que nos trajeron a la Escuela de Jaca a los deudos de Fermín Galán, y a la Señora madre de Ángel García Hernández. * Los textos en que íbamos aprendiendo a leer eran no ya los preparados absurdos del Catón, sino “Platero y yo”, y poesías de Rabindanah Tagore, de Zenobia y de María Zambrano.
Vivimos cómo las autoridades potenciaban al máximo las esperanzas que había despertado la “Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas”, y la “Institución Libre de Enseñanza”. * Tuvimos Maestros que se habían forjado en el “Centro de Estudios Históricos”, como D. Ernesto Jiménez Astorga. * Vibramos al ver cómo florecían por doquier obras de creación artística. * En las Escuelas, se nos incitaba a crear, a ver la naturaleza de otra manera, a ser solidarios con todos los habitantes del Planeta, a saber empaparnos de poesía y de literatura, de pintura y de escultura. * En las Universidades, se fomentaba entretanto un espíritu de rigurosa crítica y de investigación como nunca había habido, hasta entonces, en aquellas proporciones.
Mas tarde, en las horribles circunstancias de la guerra que nos impusieron, presencié cómo las autoridades legales apartaban soldados, tan necesarios entonces en el frente, para poner a salvo de los salvajes bombardeos de la marina facciosa y de los criminales “Stukas” alemanes, las obras de arte existentes en Avilés. * Para que se aprecie la importancia de este hecho baste con decir que la persona encargada de llevar a enterrar en el cementerio tan preciadas obras, fué condenado, únicamente por ello, a 20 años y un día de privación de libertad. * Asimismo asistimos en casa de unos amigos en la que íbamos a jugar una vez por semana, cómo un sacerdote daba la bendición a la señora de la casa, medico de profesión, para que, “mutilase al día siguiente lo mas posible a los heridos “rojos”, “cortándoles los dedos de la mano derecha si son artistas o profesores”,gritaba el sacerdote.
Fuimos escuchando entonces cómo en semanales charlas el ex-General sublevado encargado de la propaganda decía por Radio Sevilla: “Hoy hemos cogido en tal ciudad al Maestro, o al Telegrafista. Hemos hecho salchichas con su hígado y nos las hemos comido”. Simplemente porque la República había encargado a los maestros y a los telegrafistas difundir información y cultura.
Hemos sabido todos cómo se ensañaron con el Poeta Federico. Hemos presenciado con qué dignidad moría, en las proximidades de los campos de concentración de la Cataluña francesa, el Maestro del teatro y de la poesía. El defensor de la República. Seguimos sintiendo un profundo e intimo orgullo cada vez que, al enterarse por doquier en el mundo de que somos “indígena de Madrid”, los interlocutores recuerdan con admiración la “Defensa de Madrid”, el heroísmo de sus defensores y de sus artistas. En los años duros que me ha tocado vivir la conciencia de representar en alguna manera aquella Gesta me ha dado ánimo, y me ha impelido a seguir adelante en nuestro empeño.
De los 35.000 llegados de todas las latitudes, escritores, artistas, cinestas, vinieron a aportar su decidido apoya a la República: De André Malraux a Ernesto Hedmingway, De John Dos Pasos a Wystan H. Auden, De Arturo Koestler a George Orwell, De Alejo Carpentier a Pablo Neruda, De Joris Ivens a Roman Karmen.
Vinieron asimismo a defender los ideales que representaba en grado eminente la República Española:
José Broz, “Tito”, Willy Brandt, Walter Ulbricht, Artur London, Henri Rol-Tanguy, Lazslo Rajk, Luigi Longo, Georges Dimitrov, Pietro Nenni, Palmiro Togliatti, André Marty, Pierre George, el „Coronel Fabien“, el Mariscal Malinovsky, entre tantos otros. Por haber tratado personalmente a muchos de ellos, he sentido entusiasmo al percibir todo lo que han ofrecido a los pueblos del mundo los miles de creadores republicanos que tuvieron que abandonar España en 1939. Los Severo Ochoa, Manuel de Falla, Pablo Ruiz Picasso, Manuel Garcia Pelayo, Félix Gordon Ordax, Antonia Mercé, Gallego Rocafull, Alberto de Onaindia, Buñuel, Max Aub, Antonio Espina sembraron, por donde fueron, obras insignes: musicales, poéticas, científicas, técnicas, educativas, lingüísticas o pictóricas, arquitecturales, editoriales, y en todo caso, humanas y solidarias. En Buenos Aires o en México, en Praga, en Puerto Rico o en California, en París o en Londres, en Uagadugú, en El Cairo o en Moscú, los Universitarios españoles, (de los que tuvieron que exiliarse un 86% en 1939), dejaron una huella imborrable de que la República, en España, es, fundamentalmente, Cultura.
Angel Trapero
Fué, porque para todos, por doquier,“República española” es sinónimo de “Cultura”. *************************** Para expresar esto, esbozaré, a continuación, unas cuantas pinceladas que se me antojan significativas. Son, voluntariamente, de valor relativo por lo personales.
Reflejan, eso sí, mi visceral identificación con la República Española. ******************************
El régimen republicano no apareció inesperadamente. Por los años 30 y 31, correteando por las inmundas moradas en que vivían los servidores del llamado “Patrimonio Real”, en la calle de Bailén de Madrid, nuestras madres, y, sobre todo, nuestras abuelas, nos reunían para enseñarnos una serie de canciones. La primera de ellas, el Himno de Riego. El “Himno” porque según nos explicaba Doña Petra González Díaz, era el que recordaba mejor a un personaje clarividente que supo ver, ya en 1815, que el porvenir de Progreso para España tenía que pasar primero por ofrecer a los territorios americanos “Pactos igualitarios de cooperación y de solidaridad” en vez de las inanes propuestas que se les siguen haciendo, aún hoy. Tanto el general Don Rafael del Riego como Don José María Torrijos, nos decía Dna. Petra, fueron exterminados por ello. Aquella canción, y otras similares las cantábamos todos, todos los días, y a voz en grito. Recuerdo con agrado que en las reuniones de « Palacio » se mencionaba a una persona que apreciábamos mucho y de la que recitábamos poesías como ésta: « De la Libertad » “Quiero que seas soldado. Pero soldado raso. Sin galones, ni estrellas. Sin ningún agasajo”. Se trataba de Don Enrique Díez-Canedo. Profesor de francés.
En el propio Palacio Nacional se nos enseñaba a unir el concepto de República con el de Cultura.
Quizás consecuencia de ello la inmensa alegría con que recorrí la calle de Alcalá desde el número 187 hasta la Puerta de Sol durante la tarde del 14 de Abril de 1931, enarbolando la bandera tricolor que mi abuela había confeccionado en « Palacio ». Bandera que, desde entonces, no he dejado de llevar, ni un sólo día, ni en los exilios, ni en cárceles, ni en campos de concentración.
Nuestros maestros nos explicaban en la Escuela, llenos de esperanza, cómo el Gobierno iba tomando las decisiones de 1932 y 1933 por las que se multiplicaría al máximo el número de educadores. * Asimismo que había que respetar a las flores y a los árboles, símbolos de vida. * Al tiempo que nos trajeron a la Escuela de Jaca a los deudos de Fermín Galán, y a la Señora madre de Ángel García Hernández. * Los textos en que íbamos aprendiendo a leer eran no ya los preparados absurdos del Catón, sino “Platero y yo”, y poesías de Rabindanah Tagore, de Zenobia y de María Zambrano.
Vivimos cómo las autoridades potenciaban al máximo las esperanzas que había despertado la “Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas”, y la “Institución Libre de Enseñanza”. * Tuvimos Maestros que se habían forjado en el “Centro de Estudios Históricos”, como D. Ernesto Jiménez Astorga. * Vibramos al ver cómo florecían por doquier obras de creación artística. * En las Escuelas, se nos incitaba a crear, a ver la naturaleza de otra manera, a ser solidarios con todos los habitantes del Planeta, a saber empaparnos de poesía y de literatura, de pintura y de escultura. * En las Universidades, se fomentaba entretanto un espíritu de rigurosa crítica y de investigación como nunca había habido, hasta entonces, en aquellas proporciones.
Mas tarde, en las horribles circunstancias de la guerra que nos impusieron, presencié cómo las autoridades legales apartaban soldados, tan necesarios entonces en el frente, para poner a salvo de los salvajes bombardeos de la marina facciosa y de los criminales “Stukas” alemanes, las obras de arte existentes en Avilés. * Para que se aprecie la importancia de este hecho baste con decir que la persona encargada de llevar a enterrar en el cementerio tan preciadas obras, fué condenado, únicamente por ello, a 20 años y un día de privación de libertad. * Asimismo asistimos en casa de unos amigos en la que íbamos a jugar una vez por semana, cómo un sacerdote daba la bendición a la señora de la casa, medico de profesión, para que, “mutilase al día siguiente lo mas posible a los heridos “rojos”, “cortándoles los dedos de la mano derecha si son artistas o profesores”,gritaba el sacerdote.
Fuimos escuchando entonces cómo en semanales charlas el ex-General sublevado encargado de la propaganda decía por Radio Sevilla: “Hoy hemos cogido en tal ciudad al Maestro, o al Telegrafista. Hemos hecho salchichas con su hígado y nos las hemos comido”. Simplemente porque la República había encargado a los maestros y a los telegrafistas difundir información y cultura.
Hemos sabido todos cómo se ensañaron con el Poeta Federico. Hemos presenciado con qué dignidad moría, en las proximidades de los campos de concentración de la Cataluña francesa, el Maestro del teatro y de la poesía. El defensor de la República. Seguimos sintiendo un profundo e intimo orgullo cada vez que, al enterarse por doquier en el mundo de que somos “indígena de Madrid”, los interlocutores recuerdan con admiración la “Defensa de Madrid”, el heroísmo de sus defensores y de sus artistas. En los años duros que me ha tocado vivir la conciencia de representar en alguna manera aquella Gesta me ha dado ánimo, y me ha impelido a seguir adelante en nuestro empeño.
De los 35.000 llegados de todas las latitudes, escritores, artistas, cinestas, vinieron a aportar su decidido apoya a la República: De André Malraux a Ernesto Hedmingway, De John Dos Pasos a Wystan H. Auden, De Arturo Koestler a George Orwell, De Alejo Carpentier a Pablo Neruda, De Joris Ivens a Roman Karmen.
Vinieron asimismo a defender los ideales que representaba en grado eminente la República Española:
José Broz, “Tito”, Willy Brandt, Walter Ulbricht, Artur London, Henri Rol-Tanguy, Lazslo Rajk, Luigi Longo, Georges Dimitrov, Pietro Nenni, Palmiro Togliatti, André Marty, Pierre George, el „Coronel Fabien“, el Mariscal Malinovsky, entre tantos otros. Por haber tratado personalmente a muchos de ellos, he sentido entusiasmo al percibir todo lo que han ofrecido a los pueblos del mundo los miles de creadores republicanos que tuvieron que abandonar España en 1939. Los Severo Ochoa, Manuel de Falla, Pablo Ruiz Picasso, Manuel Garcia Pelayo, Félix Gordon Ordax, Antonia Mercé, Gallego Rocafull, Alberto de Onaindia, Buñuel, Max Aub, Antonio Espina sembraron, por donde fueron, obras insignes: musicales, poéticas, científicas, técnicas, educativas, lingüísticas o pictóricas, arquitecturales, editoriales, y en todo caso, humanas y solidarias. En Buenos Aires o en México, en Praga, en Puerto Rico o en California, en París o en Londres, en Uagadugú, en El Cairo o en Moscú, los Universitarios españoles, (de los que tuvieron que exiliarse un 86% en 1939), dejaron una huella imborrable de que la República, en España, es, fundamentalmente, Cultura.
Angel Trapero
TRANSLATE
Ángel Trapero Ballestero: LA CULTURA DE LA REPÚBLICA
Ángel Trapero Ballestero: LA CULTURA DE LA REPÚBLICA






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